Santiago: entre nieve y lepra

La nieve es hermosa, su blancura nos hace recordar las cosas puras que quedan en este mundo, esa pureza novata, indefensa que no ha tocado tierra y se convierte en algo inmaculado, en las escrituras la nieve tiene ese mismo sentido de inocencia, “lávame y seré más blanco que la nieve (Salmo 51:7)” exclamaba el salmista, que entendía el simbolismo de algo totalmente puro, pero la ciudad de Santiago de Chile no estaba  lista para dicha venida de la inocencia, por lo visto el efecto directo de la nieve fue dejar en claro que las empresas que abastecían de electricidad y luz la capital, no han hecho su trabajo de manera íntegra, y lo que fue una hermosa mañana blanca de invierno, se transformó en un enorme dolor de cabeza para muchos que se quedaron sin electricidad y sin luz.

La inocencia, aunque no lo crean, también juzga y puede dejar de manifiesto la oscuridad que pasaba inadvertida, solo porque se opone y la contrasta brutalmente, en términos simbólicos, literales o proféticos.

La nieve recuerda esa hermosa e inmaculada inocencia, pura y honesta, pero los dirigentes de la nación, políticos y comunicadores de grandes medios, han usado sus palabras para rechazar esa inocencia, y no solo se complacen en rehusarla públicamente  mofarse de ella y condenarla, sino que además han buscado asesinarla abiertamente, con leyes y palabras que la condenen.

La inocencia más pura que conocemos, la que esta resguardada por el vientre, la que no ha podido abrir los ojos a este mundo lleno de colores y sonidos nuevos, esa ha sido condenada por políticas abortivas, por favores políticos, por financiamientos externos de grandes corporaciones que por un lado argumentan que aquellos embriones y fetos aun no son humanos, pero por otro, extraen, manipulan y comercializan dichas partes para experimentar con supuestos objetivos “humanitarios”.

Por otra parte y en total contraste a la nieve, las escrituras mostraban a la lepra como una manifestación de corrupción, en la antigüedad la Lepra era sinónimo de impureza y putrefacción espiritual, no era diagnosticada por doctores o curanderos, sino por sacerdotes, y de todas las enfermedades que pudieran existir, la lepra era de aquellas que se asociaban a una contaminación espiritual, a la muerte paulatina de la pureza humana, al deterioro constante de lo inmaculado, la lepra como enfermedad venía a poner de manifiesto las carencias más escondidas de una sociedad.

El contraste de ambas cosas, la nieve y la lepra, me llevo a recordar el pasaje donde ambos elementos aparecen.

La lepra aparece sobre la hermana de Moises, dejando la piel blanca como la nieve, como la de un recién nacido, pura e inmaculada, pero al mismo tiempo, como si esa pureza e inocencia hubiese nacido muerta, como el cuerpo del niño que es abortado.

Núm 12:10 Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa.

Núm 12:11 Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado.

Núm 12:12 No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne.

Núm 12:13 Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora.

Núm 12:14 Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada fuera del campamento por siete días, y después volverá a la congregación.

Para Dios, María había pecado como parte de la dirigencia de la nación, había fallado en su labor de dar el ejemplo en integridad, por esta razón Dios la ha desechado con lepra, como un padre que harto de tanta inmundicia escupe el rostro de su hija.

Después de la nieve, después de aquella mañana hermosa donde la Capital se vistió de blanca pureza, al parecer no estábamos listos para ella, los siguientes días solo vino vergüenza y desazón, apagones y casos de enfermedades nuevas, como para enrostrarnos que aún no estamos preparados para alcanzar y experimentar dicho nivel de inocencia.

 

Fuente: Profeta Simon Aquino. Artículo publicado por profetas emergentes bajo el título: Santiago: entre nieve y lepra


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